Alzheimer

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Sonia Peinado
Graduada en nutrición humana y dietética. Especialista en condicionantes geneticos, nutricionales y ambientales del crecimiento y desarrollo.
Sonia Peinado

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La enfermedad de Alzheimer es la forma más común de demencia. La demencia es un proceso neurodegenerativo que ocurre a causa de ciertas enfermedades, afectando a la memoria, el habla, el comportamiento y el juicio. Afecta predominantemente a personas de edad avanzada recudiendo su calidad de vida por la dificultad de llevar a cabo sus actividades diarias.

Cada vez son más los estudios que nos permiten conocer los factores predictivos de esta enfermedad y qué ámbitos son determinantes tanto en fases preventivas como de desarrollo.

El deterioro nutricional se asocia con una progresión más rápida de la enfermedad, por lo que parece de vital importancia para familiares y cuidadores tener unas nociones básicas sobre los beneficios que tienen ciertos compuestos o alimentos sobre los enfermos, ya que en muchos casos se conserva la capacidad de masticar pero necesitan ayuda para el manejo de los cubiertos, siendo dependientes de su entorno.

Una alimentación alta en carnes rojas y alcohol que además está relacionada con la aparición de obesidad y un aumento del colesterol en sangre por alto consumo de grasas saturadas, tiene una relación directa con la progresión del Alzheimer, por lo que como mecanismo de prevención se recomiendan dietas ricas en grasas mono y poliinstauradas, frutas y verduras con bajo índice glucémico y una alta frecuencia en el consumo de aquellos alimentos con alto contenido en polifenoles, con alto poder antioxidante.

  • Polifenoles. Son compuestos químicos procedentes de las plantas y que además de tener un efecto como protector cardiovascular por su capacidad para disminuir nuestro perfil lipídico presentan una acción antiinflamatoria que reduce la toxicidad de las células y mejora la transmisión sináptica. Los podemos encontrar en diversos alimentos:Arándanos (antocianinas)
    • Té y vino (flavonoles)
    • Cúrcuma (curcumina)
    • Cacahuetes (resveratrol)
    • Soja (isoflavonas)
  • Ácidos grasos omega-3. Forman parte de los ácidos grasos esenciales y los podemos encontrar en vegetales de hoja verde, aceite de semillas de linaza, nuez, semillas de chía y pescados. Su consumo semanal reduce el riesgo de la EA en un 60% de acuerdo a distintos estudios epidemiológicos.
  • Frutas y verduras. Ricas en compuestos activos y distintos antioxidantes así como en grasas saturadas son beneficiosas para prevenir y disminuir el riesgo de padecer EA.
  • Alcohol. Se cree que la toma moderada de vino tinto tiene un efecto protector contra la neurotoxicidad de las células por su abundante contenido en resveratrol (polifenol) con capacidad antioxidante. Sin embargo, el resto de bebidas alcohólicas están asociadas a un aumento en el riesgo y aceleración del proceso degenerativo.

Además del cuidado de nuestra alimentación, los niveles de ciertas hormonas intervienen de manera indirecta con la mejora o empeoramiento de la enfermedad.

Las hormonas sexuales tales como el estradiol, los estrógenos y la progesterona tienen efectos positivos en la salud cognitiva y por tanto etapas como la menopausia en la que estos niveles se encuentran afectados promueven un avance más rápido de la sintomatología.

La melatonina, hormona reguladora de nuestro reloj biológico, es otra hormona que suele verse disminuida en edades avanzadas cuando hay una disminución de la eficiencia del sueño. La producimos en cantidades muy pequeñas en nuestro intestino, por lo que podemos recurrir a la toma de suplementos de menos de 2mg de la misma (ya que los contenidos superiores estarían considerados como fármacos por la Agencia Europea del Medicamento) o sintetizarla a través de alimentos ricos en triptófano; un compuesto que podemos encontrar en alimentos proteicos tales como carnes, legumbres, frutos secos, lácteos y huevos.

Parece que la enfermedad de Alzheimer (EA) tiene múltiples causas, pero el estrés oxidativo es un factor desencadenante de la enfermedad por lo que fomentando una buena alimentación rica en compuestos fitoquímicos antioxidantes y regulando ciertas hormonas podemos influir en una respuesta positiva que podría prevenir la progresión de esta enfermedad crónicodegenerativa.

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Sonia Peinado
Graduada en nutrición humana y dietética. Especialista en condicionantes geneticos, nutricionales y ambientales del crecimiento y desarrollo.

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