Asma, polución y nutrición

Sonia Peinado
Graduada en nutrición humana y dietética. Especialista en condicionantes geneticos, nutricionales y ambientales del crecimiento y desarrollo.
Sonia Peinado

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El asma está considerado un trastorno inflamatorio crónico asociado a una obstrucción variable del flujo aéreo e hiperreactividad bronquial. Aunque hay una heterogeneidad en sus orígenes, existe una relación con su padecimiento y factores genéticos y ambientales.

Una de las etapas más influyentes en el desarrollo del asma es el nacimiento y la infancia, ya que en ella comienza la colonización de piel y mucosas de distintas superficies corporales  por parte de la microbiota (compuesta por microorganismos) que afectarán al sistema metabólico e inmunológico del niño y que crea una predisposición genética. Ésta interacción entre predisposición genética y medioambiente hace que se dé la enfermedad, mientras que es poco probable que la enfermedad se desarrolle en individuos genéticamente predispuestos que no están expuestos a contaminantes tales como virus (rhinovirus), alérgenos (ácaros, hongos), contaminantes atmosféricos (O3, SO2, NO2) y ciertos hábitos de vida (como el tabaco) y la alimentación.

En las últimas décadas asma y obesidad han ido aumentando paulatinamente, la primera siendo la causa primordial del absentismo escolar y la segunda siendo una epidemia mundial. Algunos estudios apuntan a que la obesidad es capaz de aumentar la prevalencia e incidencia del asma de manera moderada, ya que la obesidad reduce el diámetro de las vías respiratorias periféricas, altera el volumen sanguíneo e induce un estado proinflamatorio sistémico.

Por tanto, una buena alimentación y aumento de la actividad física podrían ser factores protectores y de mejora de los síntomas de esta enfermedad crónica., ya que:

  • El aumento de la actividad física y disminución del sedentarismo disminuyen la inflamación y reducen los niveles de adipocinas circulantes que influyen también en la obesidad.
  • La mejora de las pautas nutricionales muestran que buenos niveles de antioxidantes y elementos como zinc, selenio, magnesio, vitamina A y D, verduras en general y una buena adherencia a la dieta mediterránea previenen las sibilancias.

Por tanto, y con la finalidad de prevenir la enfermedad a aquellas personas predispuestas genéticamente y mejorar la calidad de vida de aquellas que ya la padecen se deberá tener en cuenta los siguientes factores y/o abordajes:

 

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Sonia Peinado
Graduada en nutrición humana y dietética. Especialista en condicionantes geneticos, nutricionales y ambientales del crecimiento y desarrollo.

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